sábado, 29 de julio de 2017


Acta-Nº11-28-de-julio-de-2017







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Los trabajadores de la empresa privada de seguridad aeroportuaria, en huelga desde el viernes pasado, continuaban ayer por la mañana con su reivindicación a las puertas de la terminal de salidas del Aeropuerto, sin desistir.

Los huelguistas ayer reunidos alrededor de la mesa, convertida en la estampa ya habitual de estos días, siguen secundando la manifestación por turnos hasta que la empresa decida sentarse a negociar, informaba Ana López, presidenta del Comité de empresa y portavoz de los operarios de seguridad. Por su parte, tanto la compañía Prosegur como AENA continúan jugando al agotamiento a través del silencio ante el advenimiento de una operación salida que espera unos 270.000 viajeros este fin de semana. Una situación que fácilmente superará el caos vivido en las colas de seguridad de estos días pasados.


La última noticia recibida de ayer por parte de la empresa de seguridad privada, fue el envío de una notificación postal a efectos del 24 de julio hacia trabajadores en situación de baja laboral, por la que se les convocaba para la prestación de servicios mínimos a partir del pasado 21 de julio, según nos mostraba la representante sindical. Por su parte, los eventuales apoyan a sus compañeros pero van a continuar cumpliendo con su jornada por intereses contractuales. Este fin de semana será previsiblemente caótico en el aeropuerto de Ibiza ya que se esperan 270.393 desplazamientos desde hoy viernes hasta el martes que viene, periodo para el que se esperan 2.099 vuelos.



BARCELONA: La guerra de los controladores de seguridad de El Prat con Eulen y Aena promete más caos en agosto



Las colas en el filtro de seguridad de embarque de la terminal 1 del Aeropuerto han alcanzado picos de tres horas

El comité de empresa de Eulen convocó a inicios de esta semana una huelga indefinida de cuatro horas diarias desde el 4 de agosto El caos desatado por las prolongadas esperas en los arcos de seguridad hace sospechar que desde el pasado 21 de julio se lleva a cabo una huelga de celo. Largas esperas que superan las dos o tres horas, aglomeraciones de viajeros y sensación de caos absoluto. Así se puede describir el ambiente reinante en el Aeropuerto de Barcelona, que sufre desde hace una semana lo que se ha considerado una huelga de celo de los trabajadores deEulen Seguridad, la empresa de la familia Álvarez y concesionaria de Aena de los controles de embarque del aeropuerto.


Los 360 vigilantes que se reparten en los filtros de seguridad convocaron una serie de paros a partir del 4 de agosto para denunciar las precarias condiciones laborales que sufren desde que la empresa asumió la contrata, según denuncia el comité de huelga de los trabajadores de Eulen. Pero los problemas han empezado mucho antes, generando un nuevo conflicto en el aeropuerto catalán que implica a Anea y que revive los episodios de colas en los controles de pasaportes vividos antes del verano.


Aunque con un origen muy diferente, ya que los colapsos de finales de mayo se produjeron por la falta de verificadores digitales y policías, tras el endurecimiento de las medidas antiterroristas en la Unión Europea, pero el resultado es el mismo. Indignación entre los pasajeros que, impotentes, esperan su turno en los diez canales dotados de arcos detectores de metales y escáneres y ven como pierden sus vuelos. Las redes sociales se han llenado estos días de mensajes de enfado, rabia y decepción de los viajeros, que han llegado a esperar 120 minutos este jueves, mientras que las colas han taponado también el ”carril rápido", destinado a las personas que viajan con hijos o con problemas de movilidad, donde la espera ha superado la hora y media. Durante la tarde del miércoles, la terminal 2 del Aeropuerto también se saturó, con tiempos de espera superiores a los 50 minutos.

viernes, 28 de julio de 2017

Las claves del conflicto del personal de seguridad privada en el aeropuerto del Prat

"Hasta aquí hemos llegado los vigilantes". Genoveva Sierra, una de las portavoces del comité de huelga de los agentes de seguridad del aeropuerto del Prat, no ve salida ni negociación posible al conflicto y prevé que este agosto "el aeropuerto se quedará sin personal". Aparte de los vigilantes que ya no están haciendo horas extras y los que está haciendo vacaciones, se tienen que sumar los que están cogiendo la baja y los que se buscan otro lugar donde trabajar.


"Los únicos que luchan por la seguridad somos los vigilantes. La gente nos pone verdes y cobramos 900 euros". Sierra explica que el conflicto viene de lejos. Ella hace 8 años que trabaja en la T-1 del aeropuerto del Prat, desde su inauguración, y las cosas han cambiado mucho. Al principio todas las puertas estaban abiertas. Actualmente hay cerrados entre 5 y 6 escáner porque faltan 30 personas para hacerlos funcionar. En octubre ya trasladaron la situación a los responsables de la empresa, pero nadie ha movido ficha y ahora preparan una huelga indefinida que está previsto que empiece el 4 de agosto, en plena operación de vacaciones de verano.


El personal de vigilancia ha decidido dar "un grito de alerta porque estamos agotados", dice Sierra. "A nadie le importa la seguridad, sólo les importan las colas. Pero si pasa algo, el responsable es el vigilante", explica la portavoz del comité de huelga ante la situación que se está viviendo estos días en el aeropuerto. Aena ya ha insinuado que puede llegar a rescindir el contrato si continúa la situación y mantiene que quien tiene que negociar las condiciones laborales es la empresa y los trabajadores, pero los vigilantes no se entienden con Eulen y responsabilizan al encargado de recursos humanos de "desatar la ira".


Un concurso a precario ¿Por qué quieren los trabajadores que Aena se siente en la mesa de negociaciones? Porque no ven posible que Eulen se comprometa a solucionar nada, dado que el jefe de recursos humanos "dice no a todo". Las nuevas condiciones del concurso que convocó Aena hicieron cambiar las reglas del juego. De tenerlo todo abierto, con personal suficiente —aunque no hiciera falta—, ahora se ha pasado a cerrar algunos controles y a tirar, por norma, de las horas extra de los trabajadores, en un aeropuerto que a lo largo de 8 años ha crecido en número de pasajeros y vuelos. "Aena rebajó las condiciones del concurso y dio potestad a Eulen de abrir los filtros que quisiera. Dio el poder a las empresas de vigilancia", y eso provocó, según Genoveva Sierra, que Eulen, para abaratar costes, fuera recortando el servicio.


Condiciones extremas "16 horas mirando un escáner, al final ves doble". Los vigilantes de Eulen del aeropuerto del Prat trabajan por sistema unas 16 horas. Como no hay personal, tampoco pueden hacer pausas para ir al lavabo o comer. A un agente de seguridad que entra a las 13h, no se le releva hasta las 19.15h para poder ir al lavabo. Eso ha provocado varias bajas por cistitis, además de las de ansiedad y gente llorando porque no aguantan la presión. También hay muchas reducciones de jornada que obligan al resto de la plantilla a hacer horas extras.


Algunas trabajadoras han perdido al niño durante el embarazo por las condiciones laborales. Prosegur, la empresa que gestionaba la seguridad en el Prat antes, había negociado bajas por riesgo de embarazo que Eulen eliminó cuando llegó. Los vigilantes de seguridad del aeropuerto del Prat no llegan a los mil euros de sueldo porque tienen los pluses que habían negociado con la anterior empresa, Prosegur, pero los que entran nuevos en Eulen, no los cobran y tienen una nómina de 800 euros al mes. Por norma, hacen entre 80 y 90 horas extras al mes, cuando la ley sólo permite hacer 80 al año. "El convenio es una porquería", concluye Genoveva Sierra. "No hay vigilantes que quieran venir a trabajar con estas condiciones", dice Sierra.


Todos de culo "Los pasajeros están en contra de nosotros. Aena está en contra. La empresa no nos escucha", dice Genoveva Sierra para intentar explicar que se sienten solos con su reivindicación. Los pasajeros "nos insultan, nos empujan. Trabajamos con una cámara delante y una detrás", lamenta mientras explica que además de hacer el control de pasajeros y maletas, de vez en cuando el sistema del aeropuerto les pone una "trampa", una bomba ficticia en el escáner que tienen que detectar, o salta el aleatorio, que provoca que se tenga que revisar exhaustivamente al pasajero. "Los únicos que luchamos por la seguridad somos los vigilantes", repite, y explica que si las colas sobrepasan los 10 minutos de espera, Aena sanciona a la empresa de seguridad.


Cobrar menos que en Renfe y que un partido de fútbol Algunos de los vigilantes ya no hacen horas extras, pero sí que se han buscado trabajos complementarios. Los partidos de fútbol se pagan bien. Mucho mejor que controlar la seguridad de un aeropuerto. Porque "la hora extra en un partido de fútbol es más cara que la de la seguridad del aeropuerto". Otros han tirado la toalla y se han marchado "donde nunca habían querido ir", a Renfe o a el metro, donde se cobra menos, pero donde hay menos responsabilidad y se trabaja más tranquilo.

martes, 25 de julio de 2017

Las colas en los controles de seguridad del aeropuerto de El Prat alcanzan los 40 minutos




Las colas en los controles de seguridad de la terminal T1 del Aeropuerto de Barcelona-El Prat, que vive la tercera jornada con complicaciones, han alcanzado los 40 minutos alrededor de las 10 horas, cuando la fila de personas ha llegado hasta la calle. Muchos de los pasajeros que hacían la espera se han mostrado indignados porque no entendían lo que estaba sucediendo, ni la causa de estas colas inusuales, según ha podido constatar Efe.

Desde primera hora de la mañana, la terminal del aeropuerto barcelonés ha acogido densas colas en los controles de seguridad, que gestiona la empresa Eulen, y que hasta las 9:30 horas han rondado los 20 minutos. Estas colas se suman a las del domingo y el lunes, que los trabajadores de la empresa concesionaria del servicio, Eulen, situaron en hasta dos horas, pero que Aena rebajó a 43 minutos.

Las complicaciones se están produciendo en los controles de seguridad, que son los primeros filtros que hay que pasar cuando se llega a la terminal, y que no tienen que ver con los controles de pasaportes, que es donde hubo colas antes del verano por la puesta en marcha de la nueva normativa de seguridad antiterrorista. El origen de las complicaciones actuales tienen su origen en el conflicto laboral que mantienen Eulen y los trabajadores, ya que estos últimos atribuyen las colas a la falta de personal, pues aseguran que en algunos puntos en los que tendría que haber cinco efectivos solamente hay dos o tres.

Sin embargo, esta situación se vendría produciendo desde hace tiempo y, como la llegada de los problemas ha coincidido con la convocatoria de huelga por parte de la plantilla, se han disparado las alarmas sobre una posible huelga de celo, dado que no ha habido ningún volumen extraordinario de vuelos o pasajeros que justifique los incidentes en este momento. Los trabajadores, por su parte, niegan este extremo y sostienen que la diferencia respecto al invierno es que ahora no hay voluntarios para hacer horas extra.

Hace unos días, el comité de huelga de la empresa anunció la convocatoria de paros parciales de forma indefinida todos los viernes, domingos y lunes, a partir del próximo 4 de agosto. Los paros serán de una hora de duración para evitar un caos en el aeropuerto barcelonés, y tendrán lugar de 05.30 a 06.30 horas, de 10.30 a 11.30 horas, de 16.30 a 17.30 y de 18.30 a 19.30 horas. Los trabajadores reclaman más personal porque aseguran que en la actualidad trabajan "al 200 %", en jornadas maratonianas que pueden llegar a las 16 horas, y sometidos a alta presión y estrés. Añaden que están "bajo mínimos" porque, desde que entró la nueva concesionaria, Eulen, hace un año, se han producido "30 excedencias, más de 35 bajas voluntarias y más de 30 bajas médicas por estrés y ansiedad".

Esta mañana, empresa y plantilla se reunirán con la mediación de la Generalitat para intentar resolver el conflicto y pedirán la implicación directa de Aena, que se mantiene al margen porque considera que se trata de un conflicto interno de una empresa privada.



Huelga Aeropuerto Ibiza: Colas de 300 metros y 25 minutos



Colas de 300 metros y 25 minutos en el aeropuerto






Cientos de personas hacen cola para acceder por los arcos de seguridad a la zona de embarque.

Ibiza entra en la recta final del mes de julio, en plena congestión estival. Son las 13,30 horas, una franja de las denominadas ‘calientes’ en lo que se refiere a la salida de vuelos desde el aeropuerto ibicenco, y solo tres de los siete arcos de seguridad se encuentran abiertos.


Las escenas de centenares de personas aguardando turno en la planta superior de la terminal de es Codolar se volvieron a repetir ayer, como sucedió el fin de semana, mientras una decena de vigilantes de seguridad se manifestaban a las puertas del aeropuerto para reclamar a la empresa Prosegur que les equipare el plus de 200 euros mensuales que sí perciben los empleados eventuales. Eso y que acabe con la precariedad laboral ya que, según denuncia la presidenta del Comité de Empresa, Ana López, están obligando a los vigilantes a realizar turnos «de 12 o 16 horas».


«Algunos compañeros eventuales empiezan a estar cansados. Me imagino que para ellos tampoco tiene que ser una situación cómoda. Los entendemos porque ellos sí que cobran ese plus de 200 euros y si vinieran a apoyarnos los perderían. No tenemos nada contra ellos pero es discriminatorio. Responsabilizamos a Prosegur única y exclusivamente, Aena es consentidora», sostiene la representante sindical de los vigilantes de seguridad, quienes mantendrán la huelga indefinida hasta que la empresa, que todavía no les ha recibido, se comprometa a mejorar las condiciones de los cerca de 80 vigilantes, entre fijos y fijos discontinuos, que operan en el aeródromo.


Caos y pérdidas


El acceso lateral para carritos de bebé y vuelos interislas compuesto por dos arcos de seguridad permanecía cerrado a cal y canto durante al menos toda la mañana. Lo comprobó, muy a su pesar, una joven madre que tuvo que aguardar el interminable ‘zigzag’ que ha dispuesto Aena tras el establecimiento de una conocida firma de moda para tratar de agilizar el tráfico de pasajeros.


La falta de personal en las instalaciones aeroportuarias no sólo la sufrieron los viajeros o los propios trabajadores, sino los comercios de la planta superior, que denuncian pérdidas porque sus potenciales clientes en lugar de entrar a echar un vistazo y comprar deben aguardar turno en la fila. Algunos de ellos han echado el cierre temporalmente. «Les afecta mucho que les hayan puesto delante los zigzags; la gente está en cola y no entra. Les hemos pedido permiso de si podíamos decirlo en prensa y nos han dicho que sí porque es la única manera de que les escuchen», explica la vigilante de seguridad en huelga Luciana del Valle.


Mientras tanto, la portavoz de estos trabajadores denuncia que los servicios mínimos del 90% «son una salvajada» y recuerda que han interpuesto dos denuncias contra Prosegur; una para que Inspección de Trabajo intervenga frente a los turnos de hasta 16 horas que estarían protagonizando algunos de sus compañeros, y otra ante Delegación del Gobierno porque, según sostiene Ana López, «la empresa ha contratado a más de 10 personas una vez se convocó la huelga». Por la tarde, una inspectora de Trabajo acudió al aeropuerto para identificar a los empleados y verificar que la empresa está cumpliendo los servicios mínimos.


Al mismo tiempo, los vigilantes del aeropuerto de Ibiza denunciaron ayer «posibles presiones» para evitar que se repitan las largas colas registradas en los controles de seguridad. «Parece que las colas las quieren aligerar un poco y nos están dando instrucciones, metiéndonos presión para que vayamos rápido y no seamos tan exhaustivos. Tengo que confirmarlo con los compañeros, pero es lo que está pasando», declaró la propia Ana López.


Por el momento no hay visos de que los trabajadores de Prosegur en Ibiza desconvoquen la huelga, como sí hicieron el pasado 14 de julio sus compañeros en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. «Vamos a seguir con la huelga indefinida. Les resultamos incómodos, cada vez hay más Guardia Civil y estamos más arrinconados, pero aquí seguimos», subrayó López tras entregar una cuartilla con las reivindicaciones de los vigilantes –hasta en tres idiomas– a una turista interesada por su situación.

sábado, 22 de julio de 2017

Le dejaron atrapado 26 horas en una planta de gas a 100 metros del incendio


El vigilante no fue evacuado pese a que no dejaron pasar al compañero que tenía que relevarle

El grave incendio que se declaró el pasado 24 de junio en Moguer ha dejado tras de sí historias personales dramáticas y una de ellas es, sin duda, la que vivió un vigilante de seguridad que presta su servicio en la planta de gas de Repsol, ubicada en el Camino de la Peñuela, perteneciente al término municipal moguereño.

Este vigilante de la empresa Casesa llegó a su puesto a las 18.00 horas del sábado 24 de junio, cuando comenzaba su servicio. Poco más de tres horas después, sobre las 21.15 horas, divisó una columna de fuego muy cerca de la planta, a unos 100 metros, por lo que dio aviso a un supervisor, tras lo que, sobre las 22.30 horas, se presenta un operador de la empresa, que activa, junto al vigilante, el plan de emergencia contra incendios.

La pesadilla para el vigilante comienza, según fuentes cercanas al caso consultadas por el diariodehuelva.es, cuando el retén de Repsol abandona las instalaciones, alrededor de las 3.20 horas de la madrugada, momento en el que el vigilante se queda de nuevo solo en una planta rodeada por el fuego, que seguía a unos 100 metros de distancia de la instalación industrial, donde hay un tanque de metanol y tuberías con 60 kilos de presión de gas.

Lo más sorprendente del caso es que a las 6.00 horas, cuando el vigilante tendría que abandonar su puesto, el compañero que tenía que relevarle le llama para decirle que agentes de la Guardia Civil no le dejan pasar, motivo más que suficiente para que, según las mismas fuentes, hubiesen procedido a evacuar al vigilante que permanecía en la planta de Repsol.

Pero no, el protagonista de esta historia tuvo que permanecer allí. Y allí permaneció otras 14 horas más, solo y sin comida, junto a una planta a la que en ningún momento se acercó ningún servicio de extinción de incendios.

Sobre las 12.00 del mediodía, cuando ya llevaba prestadas un total de 18 horas de servicio, vio además cómo el fuego se avivaba aún más, por lo que dio aviso al jefe de servicio de Repsol. En este caso, la respuesta no fue tan rápida como en la noche anterior, pues hasta las 17.30 horas no se presentó nadie. Ni siquiera a las 18.00 horas pudo presentarse el vigilante que tenía que realizar el siguiente servicio de 12 horas. Sí pudo hacerlo a las 20.30 horas, momento en el que acabó el calvario de este vigilante, tras 26 horas solo, sin nada que comer, sin dormir y sin poder salir de una planta rodeada por el fuego.